Soy gay y mi relación con Dios estable Pero con la Iglesia complicada

Soy gay y mi relación con Dios: estable. Pero, con la Iglesia: complicada

Uno de los grandes prejuicios en contra de las personas LGBT han sido discursos moralistas y religiosos. Como una persona que se considera católica, con una influencia familiar marcada por esta religión y al crecer en medio de estas costumbres religiosas, el salir del closet no fue fácil precisamente por el rechazo a mi ser, por la no aceptación a un tabú que se me inculcó por años desde mi núcleo familiar hasta el final de mis estudios de secundaria.

Por ello, me tomé la tarea de profundizar e hice una búsqueda por internet para saber un poco más de Dios, para tratar de entender la biblia y saber realmente si el Dios en el que creo, rechaza el amor que me interesa, como lo hace ver la iglesia, a través de su discurso de rechazo ante personas homosexuales y que no cumplan con los esquemas heteropatriarcales.

En mi búsqueda, encontré muchos blogs y páginas de iglesias cristianas de línea ultraconservadoras que explicaban que ellos en ningún momento promueven el odio en contra de personas diversas, solo que ellos creen firmemente en la pablara de Dios y que las conductas homosexuales no van acordes con el estilo de vida que promueve la biblia. También, afirmaban que no es pecado el tener esa clase de pensamientos, pero sí lo son las prácticas homosexuales.

Por último, explicaban que existe salvación para los homosexuales siempre que moderen su conducta y logren adaptarla a la palabra de Dios. Es de resaltar, que enuncian que, si bien desde 1990 la Organización Mundial de la Salud ya había dicho que la homosexualidad no es un trastorno o enfermedad, eso iba en contra de las sagradas escrituras, es decir, desde la misma institución que representa a Dios en la tierra, los homosexuales estamos desviados y enfermos aún para ser dignos de entrar al reino de los cielos.

No obstante, luego de leer los mismos argumentos en infinidad de páginas, encontré una tesis muy interesante, que explicaba a profundidad los argumentos religiosos y jurídicos desde una perspectiva teológica. Eduardo Martínez, autor de la tesis en comento, la ‘Revelación De Dios En La Realidad Homosexual’.

Aproximación hermenéutica desde un enfoque liberador y de derechos humanos’, explica que la iglesia concibe “las relaciones sexuales coitales prematrimoniales y la masturbación [como] comportamientos ilícitos porque no buscan la procreación, con lo cual se desatiende la finalidad de la unión sexual y la dignidad humana”. De allí, que se entienda que las relaciones homosexuales no tengan cabida ante Dios, pues “la actividad sexual homosexual no cumple con el objetivo fundamental de la sexualidad, siendo este la procreación”.

Así mismo, Martínez resalta en su texto que “la dignidad humana de las personas homosexuales da ocasión para que se evite agredirlas verbal o físicamente, pero no alcanza para reconocerlas como ciudadanos y ciudadanas sujetos de derecho en condiciones de igualdad respecto de las personas heterosexuales”.

Estas reflexiones me llevan a pesar que el discurso religioso se niega a reconocer la diversidad y los cambios sociales que se han dado en los últimos años. Su discurso, si bien no busca discriminar como ellos mismos lo expresan, no reconocen tampoco a las personas homosexuales como iguales; y esto, genera que en planos donde no haya igualdad, haya segregación como también

discriminación. La iglesia católica y todas las vertientes del cristianismo, siguen aún sin reconocer el respeto de las personas homosexuales, tratando de conservar instituciones como la familia, bajo una visión retrograda y conservadora, cuando es bien sabido que familias perfectas como las que ellos predican no existen al menos en el plano terrenal.

La biblia ha sido interpretada y reinterpretada por siglos. Algunas de sus interpretaciones son diversas y han avanzado conforme al paso de la sociedad, pero otras no, o al menos no en ciertos temas. Hoy en día ya se respetan a los hijos concebidos por fuera del matrimonio, a las parejas que viven en unión libre y hasta a los sacerdotes que han tenido relaciones sexuales bajo su voto de castidad, por ejemplo. Si bien, mantienen el discurso de que no deberían hacerlo, tampoco los tratan o los castigan de “indignos”, como sí pasa con las personales homosexuales, tema que aún genera gran debate y que perdura dentro de la institución cristiana como un tema negativo, que atentan según ellos, contra la dignidad humana, cuando sus ideas resultan difíciles de creer, como que la masturbación va contra natura o que el único fin de las relaciones sexuales es la reproducción.

En definitiva, creo que el Dios en el que creo no discrimina, no estigmatiza ni tampoco guarda odios en contra de las personas que decididos a amar a alguien de nuestro mismo sexo. La biblia es un libro sagrado, que, si bien es digno de ser respetado, también debe ser reinterpretado conforme en el tiempo. No se pueden seguir leyendo sus versículos bajo el sesgo homofóbico ni patriarcal, pues si se siguieran al pie de la letra sus apartados, de seguro el mundo actual sería un infierno donde las mujeres toman decisiones por encima de los hombres y el sexo es el mismo Satán.

Las Sagradas Escrituras deben entonces, ser reinterpretadas e ir conforme a los cambios sociales, deben ir acordes a la garantía de derechos y a la igualdad que se busca en la actualidad. No deben así, ir en contra de los cambios que la sociedad llama a gritos, pues al igual que pasa con las leyes, pueden perder eficacia cuando las personas dejan de creer en ellas y esto es algo que genera la pérdida de poder en instituciones tan grandes como lo es la Iglesia fiel a la palabra de Cristo.

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